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Regreso a la normalidad


Se ha vuelto lugar común la expresión “regreso a la normalidad”. Igualmente se escucha de manera reiterada afirmar que el mundo, como lo conocíamos, no será igual; no obstante, ambas expresiones son contradictorias. Dos preguntas vienen a la mente; cómo es esa normalidad a la que vamos a regresar, y si no hay tal “normalidad” y vamos vivir en un mundo diferente, cómo será ese mundo diferente. Concentrémonos en Colombia.

¿Qué es normal en Colombia? Más allá de la cotidianidad de poder ir a un restaurante, reunirse con amigos, que los niños vayan a la escuela y los muchachos y jóvenes a los colegios y las universidades, que la gente que trabaja puede atiborrarse en un transporte masivo para demorarse dos horas a su trabajo, que los informales estén en la calle ganándose el sustento a mordiscos, ¿cuál es la normalidad que extrañamos y a la cual queremos regresar?

Es normal en Colombia que la justicia no funcione, es normal que existan actos de corrupción recurrentes en la administración pública, es normal que exista ineficiencia burocrática y cada día se concentren más los monopolios, es normal que asesinen líderes sociales y que mueran soldados y policías erradicando coca. Podría enumerar una larga lista de los fenómenos aberrantes que forman parte de nuestra normalidad y a veces me cuestiono, después de cuatro meses de encierro, si es a esa normalidad a la que queremos regresar. ¿No será esta pausa un momento para la reflexión respecto a cuál es la normalidad que queremos o, más bien, cuál es la normalidad que no queremos perpetuar? Es cierto que la normalidad de la cotidianidad volverá tarde que temprano, pero la otra normalidad no ha desaparecido del todo durante la pandemia. Los noticieros y medios siguen recogiendo información sobre asesinatos, enfrentamientos, deforestación, cultivo de coca e impunidad. A esa normalidad no hay que regresar porque nunca la hemos abandonado.

Que el mundo no será igual después de la pandemia, ¿será eso cierto? Sí existirá probablemente más teletrabajo y se acelerará la economía digital, pero ¿será que eso cambiará radicalmente a nuestra sociedad? ¿Cuando oímos decir que el mundo no será igual, queremos con ello indicar que será mejor o peor? ¿Será que ello llevará a Colombia a una realidad social económica, social y política diferente?

Yo soy pesimista. En efecto no todo será igual. Habrá cosas diferentes. Será igual esa normalidad de la de las mismas falencias de la sociedad y los mismos dirigentes sin capacidad ni deseo de transformarla, pero no será igual el empleo para los jóvenes que verán sus oportunidades restringidas, no será igual para las pequeñas y medianas empresas que difícilmente levantarán cabeza, no será igual para la gran mayoría de los colombianos. No será igual la protesta social, que alcanzará niveles desconocidos porque no será igual la paciencia de quienes ven las oportunidades pasar en medio de la indiferencia de unos pocos.

Así es, la disyuntiva entre el regreso a la normalidad y esa nueva realidad que se proyecta post pandemia debería llevar a una reflexión nacional sobre el futuro que le daremos a un sociedad despezada económica y socialmente que deja la pandemia. La Política con P mayúscula, que debería ser el motor de la discusión en estos momentos críticos, está en modo pausa y se queda en los estrados judiciales producto de demandas y solicitudes de rectificación. Duro futuro que les espera a las nuevas generaciones.

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